lunes, 6 de junio de 2011

El estado social de derecho, las Cortes y la salud

No me malinterpreten: no pretendo escudriñar profundamente el statu quo de la relación entre el estado, las cortes y la salud ni decir que soy conocedor absoluto de la verdad (aunque muy cercano a ella); quiero mostrar los antecedentes, y los que yo considero yerros hecatómbicos que han dado pie a la situación actual.
Va dirigido principalmente a la ilustración de todos aquellos que se limitan a decir que el sistema no sirve y como bueyes salen a las calles a marchar o escriben verdades a medias y presentan “notas” (no noticias) en radio y televisión sin siquiera tomarse el trabajo de conocer (y no en el sentido bíblico porque eso ya correspondería al tema de las parafilias que no voy a tocar acá) la constitución y mucho menos las más de 21.000 normas reglamentarias promulgadas, publicadas y algunas en vigencia y otras no.
Partamos de las siguientes premisas:
  1. La juricidad enmarcada en la garantía de los derechos fundamentales, es pivote primordial del estado social de derecho (como le quedó el ojo a mis queridos amigos abogados, a ver si lo resumen mejor!).
  2. La constitución del 1991 confirmó los tres poderes del gobierno que antecedían desde la constitución de 1886 (legislativo, judicial y ejecutivo. Si no los recuerdan le pueden echar la culpa a la ex-ministra Zambrano y sus diabluras del ’84)
  3. La seguridad social y la atención en salud SON SERVICIOS PÚBLICOS y no DERECHOS FUNDAMENTALES (no faltará el que diga que la salud es un derecho fundamental por vox populi y quiera restregarme la Ley 153 de 1887 -aún vigente- mostrándome la doctrina (derecho) probable; a esos les diré que yo tengo razón por vox Dei)
  4. La función de las altas cortes en general (y de nuevo va el vainazo para los homo habilis(1) que no conocen la constitución) es la de velar por la integridad y la supremacía de la constitución
  5. La Carta Política de este soberano país es de los libros con mayor sentido humano y progresista (acá brota la lágrima Candy en mi ojo derecho) jamás escrito por nacional colombiano alguno(2). Entre otras debería estar incrustada en nuestro cerebro más profundamente que las 3 leyes de mi amigo Asimov.
Y ahora unos antecedentes históricos (por supuesto adoro los datos; además cuando alguien habla de estadísticas, coberturas, historia y otros datos difusos, profusos y confusos, me da la sensación de que sabe lo que está diciendo y domina el tema):
  1. Simón Bolívar ya había pensado en un sistema de Seguridad Social (¿se acuerdan del discurso de Angostura? Si no se acuerdan se pueden remitir al link de la segunda premisa) así que esto no se le ocurrió a ningún superministro ni presidente, ni mucho menos a la copiona constituyente del ‘91.
  2. Antes de 1993, bajo el esquema del Sistema Nacional de Salud (SNS) que venía desde los gloriosos 70’s (década semillero de personalidades y gente regia como yo) el acceso a la salud estaba limitado para aquellos que trabajaban en el otrora existente Instituto Colombiano de Seguros Sociales (ICSS), eran fuerza pública, empleados públicos (CAJANAL, ECOPETROL, magisterio) o tenían recursos para acceder de forma particular.
  3. La población pobre y vulnerable, en ese entonces conocida como “la guachamenta” tenía que acudir a los archipopulares “hospitales de caridad” que prestaban sus servicios bajo un sistema de oferta con presupuestos limitados (asignados por vía nacional, departamental o municipal) que agotaban rápidamente y todos se quedaban viendo un chispero (no les quedaba ni para el acetaminofén).
  4. Sólo los trabajadores tenían derecho a estos servicios (no así su familia, excepto con ECOPETROL, magisterio y fuerzas públicas)
  5. La cobertura de la población con acceso a la salud durante la vigencia del SNS era inferior al 25%; aun así nadie se quejaba del “paseo de la muerte” tal vez porque mis queridos amigos periodistas aún no se habían inventado el término (como el de “carrusel” de estos días y que andan usando para todo).
  6. Después de muchos “muertos en paseo” y durante la presidencia del ilustrísimo y nunca bien entendido Virgilio Barco (entre otras heredero de una gran fortuna producto en parte de una concesión mañosa para la explotación petrolera en Colombia por allá rondando los ‘20s),(3) se abrió paso la reorganización del SNS en 1990, que estableció de forma más ordenada que servicios debía garantizar el estado, como debería garantizarlos y quien los iba a vigilar.
  7. También aprovechó para darle alas a la Superintendencia Nacional de Salud (que a juzgar por los resultados su fuera laboral es la misma que cuando inició) e inventarse un manual tarifario y de contratación, los cargos de libre nombramiento y remoción (para garantizar el derecho al trabajo de las corbatas de los políticos de turno en las instituciones públicas de salud) y las carreras administrativas mediante concurso a ver cuál ganaba el primer puesto en desfalco.
  8. Entre la Ley 10 de 1990 y la Ley 100 de 1993 se promulgaron un par de normas importantes apropiando recursos de persas fuentes para asegurar la prestación de los servicios de salud, pero apinen que: ¡OBVIO! No alcanzaba tampoco para garantizar cama pa’ tanta gente(4) en parte porque todo era NO POS y los médicos cobraban los que se les daba la gana y en parte porque en ese entonces también teníamos superministros y supersecretarios de salud que solo pensaban en cómo hacer “negocito”.
  9. Llega el 93 y el muy querido ministro de salud (que sí, que en ese entonces todavía se llamaba ministro de salud) Juan Luis Londoño de la Cuesta (Q.E.P.D.) junto con Cesítar Gaviria promulga de regalo de navidad, el 23 de diciembre, la Ley 100.
  10. Como sé que tampoco se la han leído y lo único que son capaces de repetir como loros, es que la Ley 100 no sirve, les voy a resumir:
    1. Prima in tempore prima in iure(5): Los principios fundamentales: eficiencia, universalidad, solidaridad, integralidad, unidad y participación (no se los voy a explicar; dejen la pereza, estimulen la masa atrófica esa que tienen entre el cráneo y lean un poquito que eso no los va a matar!).
    2. Acceso a los servicios de salud para el tratamiento de la “uña encarnada, gripa, guayabo, cólico miserere, picadura de epiletsia o de pendix, broncomomía y otras”(6). Hablando en serio acceso a más de 3.500 servicios entre consultas, procedimientos quirúrgicos, laboratorios, imágenes, medicamentos y servicios hospitalarios para cáncer, insuficiencia renal, trasplantes de órganos, quemaduras, reemplazos articulares, unidades de cuidado intensivo, cirugía cardiaca, etc., para el régimen contributivo que por la módica suma de $326 de la época que pagaban entre el empleador y el empleado en proporciones de 1:2 y cobijaba adicionalmente el núcleo familiar.
    3. Acceso a los servicios básicos (“uña encarnada, gripa, guayabo, cólico miserere, picadura de epiletsia o de pendix, broncomomía y otras –hehehe-) y de alto costo (servicios hospitalarios para cáncer, insuficiencia renal, trasplantes de órganos, quemaduras, reemplazos articulares, unidades de cuidado intensivo, etc.,) para el régimen subsidiado (encargado de asegurar a la población pobre y vulnerable, o sea “la guachamenta”) por la módica suma de $0 que pagaba el estado apropiando un porcentaje de lo recaudado para el contributivo y otras apropiaciones de rentas, impuesto al chicote y al chupirul(7), las armas de fuego, juegos de azar, regalías y un recurso muy importante que se llamaba paripassu pero que como por variar, alguien en el gobierno se tumbó y se hicieron los pendejos.
    4. Posibilidad de pensión para todos aquellos que cotizáramos para el régimen contributivo y en algún fondo pensional. Antes de la Ley 100 solo se pensionaba el que trabajaba con el estado o el ICSS (que sí, así se llamaba antes, ISS fue después) y los demás, pues de malas como la piraña mueca: se morían sin un céntimo entre el bolsillo o el banco si no ahorraban.
    5. Pago de incapacidades para los trabajadores cuando por enfermedad lo requirieran (antes, era potestativo del empleador) e incluso para los sinvergüenzas mala clasudos que se hacen incapacitar por guayabo o pereza especialmente los martes subsiguientes a los lunes festivos (gracias a Don Raimundo Emiliani por tan apreciada gracia).
    6. Pago del 100% de la erogación salarial durante la licencia de maternidad (ahora me pregunto si eso también contribuyó con la explosión demográfica… claro 84 días de descanso y relax con sueldito luego del parto).
    7. Pensión adelantada en caso de algún accidente laboral con secuelas significativas (antes si no era empleado público, le tocaba seguir trabajando cojo y con dolor si quería seguir ganando).
    8. Adicionalmente habla de la integración vertical, niveles de complejidad, servicios complementarios, derechos y DEBERES (en negrita porque esos sí que menos los leemos y mucho menos los cumplimos) y otras cositas interesantes que no les voy a contar para que se animen a leer.
Y ahora si entrando en materia asumo que este análisis estará rondando su mente: “Me queda muy claro lo del POS, pero y… lo NO POS??)

Pues muy sencillo…la Ley 100 hablaba del acceso a estos servicios y las condiciones para el mismo serían reglamentadas a posteriori. Después de 5 años bobeando y en virtud de un decreto que el ministerio sacó por allá en el 98 (el mismísimo ministro le puso un 806 grandote con una numeradora de tinta que sacó de un bolsillo), lo que no fuera POS debería ser asumido por el beneficiado, pero si demostraba no tener capacidad de pago para acceder al servicio, el estado debía procurarlo a través de la red pública que ella después arreglaba cuentas con el ministerio, así que la cobertura siempre ha sido, para efectos prácticos, universal.

Para la muestra: en el 2010 se garantizaron más de 101 millones de servicios POS (no pude cuantificar los NO POS, pero les dejo el detalle de los 101 millones en el link que los llevará a otra de mis interesantes publicaciones), es decir, en promedio cada habitante con cobertura (41 millones de colombianos, sí señor, la cifra es correcta) recibió 2.46 servicios de salud el año pasado.

¿Cómo le quedó el ojo a los que se atreven a decir que el sistema no sirve para nada? ¿Es que creen que todo es gratis en esta vida? ¿Son rezagos de quienes acostumbrados al carácter paternalista del estado consideran que todo se les debe dar sin mover un dedo?


¿Entonces (preguntará Ud. con mirada curiosa, inquisitiva e insatisfecha y balanceando su cuerpo de lado a lado mientras flexiona las rodillas y arquea los brazos como… adivinen, sí: el Chapulín Colorado)(8) por qué ha pasado lo que ha pasado, si todo estaba fríamente calculado desde el principio?
He aquí mi humilde opinión (mentiras, para nada humilde pero si mi opinión y remítanse a la última frase de la tercera premisa para mayor claridad).

Primer yerro: A algún Juez, que jamás había tocado el folletico de la Ley 100 ni para acomodar la pata de la mesa coja donde estaba la máquina de escribir manual del secretario del despacho, se le ocurrió aceptar el cuento de que la salud era un derecho fundamental! (que cagadononón y me perdonarán pero el tipo debe estar súper achantado todavía, viendo como este boroló(9), es culpa suya).

Segundo yerro: El mismo Juez que no sólo admitió la tutela, si no que para completar la falló a favor del quejoso obligando a que la EPS le pagara por la abdominoplastia y la lipoescultura que estaba pidiendo. No me malentiendan, todos tenemos derecho a vernos regios, chic y a usar la ropita de corte europeo de Zara, pero porque, en una franca violación del derecho comercial, poner a las EPS a pagar por servicios para los que no recibe recursos y tampoco le han contratado, cuando muy claramente la ley decía que el estado directamente lo prestaba a través de la red pública? No es que no de debiera fallar a favor del ciudadano, de eso no hay duda, es que se debió fallar para que se le garantizara a través de la red pública y sin intermediación.

Tercer yerro: El mismo Juez que para rematar con broche de oro decidió otorgar vía tutela la posibilidad de recobro a la EPS de lo gastado al Fondo de Solidaridad y Garantía, dándoles chance de hacer “negocito”? Aquí tampoco me malentiendan, afortunadamente la mayoría de las EPS son honestas y hacen lo que tienen que hacer. El boroló de estos días, es por las pocas que son presuntamente (como dicen mis amigos periodistas para curarse en salud y no tener que rectificar después) deshonestas, ilegales y prona a los torcidos(10).

Cuarto yerro: La corte constitucional, que haciendo uso de facultades auto atribuidas en lugar de garantizar el cumplimiento de la constitución, aprovechó para declarar la inexequibilidad e inconstitucionalidad de cuanta ley, decreto y resolución se le atravesó y no contenta con eso, se dedicó a legislar vía jurisprudencia pasándose al legislador por la faja (por aquello del articulito curioso ese de la Ley de 153 de 1887 y que mis amigos Jueces cada rato me restriegan en la cara).

Quinto yerro: La libertad de precios en medicamentos: “Kudos” para mis amigos de los laboratorios nacionales, multinacionales y transnacionales y el lobby o Lobbying  (antesala para los que no son bilingües) que le hicieron al ministro de turno. Es sentido común: si tenemos un recurso limitado para garantizar una impresionante variedad de servicios, no es lógico que andemos financiando tratamientos farmacológicos que cuestan $1000 millones de pesos al año para una persona y cuyo beneficio no es mayor (me consta por experiencia personal, no sé si ahora sean más caros o más baratos). Infortunadamente en estos casos debe primar el bien general sobre la necesidad particular: poner topes al costo de estas terapias, si a la casa matriz no le sirve, pues que vaina, no se dispondrá del tratamiento en el país (me toca decirlo en voz baja porque si no mis amigos constitucionalistas y las asociaciones de usuarios ¡me muelen a palo o me atropellan cuando me vean!) Aclaración en negrita para salvaguardar mi integridad física: Ningún laboratorio se ha retirado tratamientos del país por tarifas, simplemente llegan a un acuerdo comercial y ya, el negocio es bueno.


Sexto yerro: Las Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA). Ni son de trabajo ni son cooperativas. No cooperan con nada, son más bien “estorbosas”.  Se convirtieron (no todas aclaro nuevamente, conozco muchas que responsablemente cumplen con sus obligaciones fiscales y parafiscales con el estado y sus asociados) en facilitadoras de la elusión al sistema, así independientemente de su ingreso mensual, un asociado solo reconocerá en salud el 4% de un salario mínimo legal vigente y como las CTA no tienen carácter de empleador, pues el 8% del valor que le correspondería en ese caso, se queda en el aire y el sistema no lo recibe. Adicionalmente los asociados no están obligados a cotizar para pensión, así que ese será un problema mayor más adelante; también lo es hoy cuando no hay recursos para garantizar la erogación de los pensionados de hoy (Don Manuel, ahí le dejo el datico para que le eche cabeza y deje de andar mirando como hereda la pensión).

Séptimo yerro: Algunos colegas poco éticos que en ejercicio no del juramento hipocrático, sino del interés comercial, prescriben tratamientos en contraprestación de beneficios distintos a los proporcionados por la alegría, felicidad y mejoría de nuestros queridos y atribulados pacientes. Afortunadamente con la mano en el corazón, puedo decir que son en extremo escasos y tienden a desaparecer. Sin embargo, viene a mi memoria una vergonzosa noche de sábado del 2010, en la que reunidos con el ministro de turno y a propósito de los decretos de emergencia social, un colega manifestó de forma pública su preocupación ya que de entrar en vigencia estos decretos y particularmente el 131 y la situación de conflicto de intereses, no podría viajar fuera del país para congresos, seminarios o educación continuada por cuenta de las casas proveedoras de medicamentos e insumos (sin comentarios).

Octavo yerro: La impresionante falta de control e inoperancia de los entes de vigilancia y control. La SuperSalud se convirtió en el centro de recepción y trámite de quejas más costoso del país por las gracias populistas y deseos reeleccionistas de nuestro anterior presidente. Multas impuestas y luego levantadas, sanciones impuestas y luego anuladas y conciliaciones que a pesar del respaldo de la Ley 1122 jamás obligó a cumplir por las partes, convirtieron a este organismo en el hazmerreír del sector. Ni me hagan comenzar con las secretarías locales y departamentales y hasta las veedurías ciudadanas que en muchos casos se convirtieron en mini fortines de poder para obtener favores varios y cobrar por trámites que por derecho se tenían garantizados. Personalmente denuncié muchas de estas irregularidades ante los entes pertinentes ¡y aún me encuentro esperando resultados!

Noveno yerro: La falta de control sobre los beneficiarios de todas estas prestaciones costosas y que utilizan el recurso de la tutela para iniciarse en la mininegocio de venta de Ensure®, pañales desechables, cremas humectantes de variadas marcas, jabones cosméticos y champú para medias antivárice.
Y que me dicen del suministro de camas eléctricas dobles, viajes en avión, viáticos y estadías en hoteles 5 estrellas, cómodas y agradables sesiones de equitación y natación asistida con delfines (aclaro que son caballos para la equitación y delfines para natación, no?), computadores para invidentes, auxiliares de enfermería durante 24 horas diarias para el cuidado de ancianos y que resultan cocinando, lavando ropa y haciendo aseo para toda la familia, transporte en taxis y manutención para los pacientes y acompañantes cuando tienen que ir a hacer sus vuelticas (y de paso ir donde el médico pa’ que les actualice la formulita de la enfermera 24 horas, el Ensure® y los pañales)… TODO POR CUENTA DEL SISTEMA, en serio, ¿todavía dicen que el sistema no sirve para nada, si hasta en semillero de micro empresas se convirtió?


Décimo yerro: Para terminar y no extender más este denso documento, el décimo y último yerro: ¡Dejar que yo escribiera!

En mi defensa personal, declaro que no se de lo que estoy hablando, esto nunca lo escribí y jamás tuve un blog!

(1) Sí, homo habilis, ni siquiera han alcanzado evolutivamente al homo erectus salvo por la increíble capacidad de andarse apareando con cuanta “homa habilis” se les atraviesa.
(2) Que por supuesto debió ser copiado en su mayoría porque con los personajes que conformaban la constituyente, sólo puedo imaginar como trataban de hacer “negocito” con los presupuestos para su publicación provenientes de la Imprenta Nacional.
(3) Le pueden preguntar a Jorge Villegas que por allá en el ’85 me dio mucha información al respecto en un simpático librito llamado Petróleo colombiano, ganancia gringa y que les recomiendo  si quieren ver que los Barco y los de Mares si eran bien tigres para la contratación estatal y no como los pinches Moreno y Nule que no alcanzaron a robar ni el 10% de lo que agarraron las concesiones de las dos primeras familias. Bueno, claro que ese no es el tema de este ensayo
(4) Para que el Dr. Lleras no me vaya a cerrar el blog y hacer vender el lotecito de La Mesa para pagar las cuotas de Sayco-Asinpro aclaro que esa frase no es mía y es de propiedad de “El Gran Combo” y por si las moscas, la copié  por supuesto de forma involuntaria, de buena fe y sin intención de dolo - como me aconsejó mi abogado que contestara siempre-
(5) Si no sabe latín, ¡de malas, se ha perdido de un par de apuntes inteligentísimos e hilarantes!
(6) Dr. Lleras, observe por favor que lo puse entre comillas porque estas frases tampoco son mías. Las recopilé de mis años de contacto con pacientes y dudo que ellos lo hayan publicado en algún lado o ganen regalías, pero por si las moscas, las copié  por supuesto de forma involuntaria, de buena fe y sin intención de dolo - como me aconsejó mi abogado que contestara siempre-
(7) Si no sabe que es chupirul no le eche la culpa a la ex ministra Zambrano, échele la culpa a que gana el mínimo y nunca ha podido ir a México. Aprovecho para aclarar que no me refiero a la acepción más común si no a la que se usa para referirse a las bebidas alcohólicas.
(8) My dear Dr. Lleras, you know the drill!
(9) Si no sabe que es “boroló” quiere decir que no es colombiano o no vive en Colombia, no se preocupe, seguramente, viva Ud. donde viva, tendrá algún colombiano de vecino: ¡pregúntele!
(10) Si no sabe que es “torcido” diríjase al pie de página anterior
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